El Modelo The Ripple Effect

El Dr. Goleman y el Dr. Boyatzis definen a una persona emocionalmente inteligente como alguien que demuestra las competencias que constituyen la autoconciencia, la autogestión, la conciencia social y las habilidades sociales en los momentos y formas adecuadas, con suficiente frecuencia para ser eficaz en cada situación en la que se encuentra la persona.

Estas son las habilidades básicas de las personas emocionalmente inteligentes. Sin embargo, las características de aquellos que son inteligentes con sus propias emociones y las de los demás van mucho más allá; las consecuencias de comprender, respetar y utilizar las emociones son más elaboradas que las las mencionadas en el pasado.

 

La Inteligencia Emocional no es simplemente un conjunto de habilidades que se adquieren; es una forma única de ver el mundo que nos rodea y de interactuar con él.

 

Entrenar las competencias de autoconciencia, autogestión, conciencia social y gestión de relaciones no significa simplemente sentir sensaciones corporales, manejar emociones incómodas, ser positivo y ser empático con los demás. Eso es lo que significa desarrollar la Inteligencia Emocional en una primera instancia y de manera superficial.

 

El impacto real que tiene el correcto desarrollo de la Inteligencia Emocional deriva de una combinación de comportamientos que se “alimentan” entre sí.

El Modelo The Ripple Effect
(Características de las personas emocionalmente inteligentes)

Más especificamente:

Las personas emocionalmente inteligentes tienen siempre en cuenta cómo se sienten ellos mismos y los demás, además de las consecuencias que pueden o no tener sus acciones. Logran esta característica al hacer esfuerzos por estar siempre presentes en su experiencia y recuperar rápidamente su atención cuando se distraen. Entrenan la capacidad de ser conscientes lo que están pensando en todo momento, y la habilidad de poder dirigir su foco de atención adonde quieren y cuando lo desean, porque saben que su realidad y experiencia está determinada por la percepción que tengan en ese instante. 

 

Dirigir la atención se entrena mediante cualquier práctica que ejercite la capacidad de concentración y de ser conscientes de lo que pensamos en todo momento, siendo la meditación Mindfulness la más reconocida y eficiente según la ciencia.

Las personas emocionalmente inteligentes comprenden que hay muy poco sobre lo que tienen realmente control en sus vidas; son conscientes de que no es posible controlar lo que sienten y lo que piensan en una primera instancia y sin un esfuerzo consciente. Saben que solo tienen influencia directa sobre cómo reaccionan a sus emociones y pensamientos. Por esa razón, siempre asumen la responsabilidad de lo que pueden controlar en el momento presente; es decir, cómo deciden actuar y comportarse ante la vida. Por esta razón, y en última instancia, saben que solo ellos mismos pueden hacerse responsables de su propia felicidad; nadie más que ellos son responsables de ser felices.

 

Una consecuencia directa de ser emocionalmente autoconsciente es hacerse responsable en todo momento de lo que uno puede controlar.

Las personas emocionalmente inteligentes escuchan, valoran, respetan y utilizan sus emociones para comprenderse mejor a ellas mismas. Gracias a sus emociones, comprenden mejor lo que les gusta hacer en la vida y lo que preferirían no volver a experimentar nunca más, así como a comprenderse y aceptarse a sí mismos tal y como son, siendo conscientes de sus virtudes y reconociendo al mismo tiempo sus puntos a mejorar. Este grado de autoconocimiento, combinado con su responsabilidad por lo que pueden controlar en cada momento, significa que también asumen la responsabilidad por lo que pueden mejorar. Si se puede cambiar algo, lo cambian. Si no pueden, lo asumen y no piensan más en ello. Por esa razón la gente emocionalmente inteligente se siente muy cómoda en su propia piel, puede reírse de sí misma y tiene más posibilidades de alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.

 

Una consecuencia directa de ser emocionalmente autoconsciente significa conocerse muy bien a uno mismo, traduciéndose en una alta autoestima.

Combinar altos niveles de autoconsciencia emocional y saber dirigir la atención de la mente, hace que aumenten las posibilidades de darse cuenta de que uno está sintiendo emociones incómodas debido a un estímulo. De esa manera, las personas emocionalmente inteligentes tienen mayores posibilidades de responder de manera eficiente a estas emociones cuando las experimentan. Al mismo tiempo, como respetan y valoran todas las emociones, interpretan sentimientos incómodos como la envidia, el enfado, o el miedo como oportunidades para comprenderse mejor a ellas mismas y crecer. Al responsabilizarse de lo que pueden controlar y de lo que no, construyen estrategias no solo para responder de manera eficiente a esas emociones, sino también para no sentirse tan incómodos la próxima vez que un evento similar suceda.

 

Practicar la autoconciencia emocional, la responsabilidad personal, y la capacidad para dirigir nuestra atención se traduce en una gran capacidad para el manejo de las emociones.

Cuando experimentan contratiempos personales o fracasos profesionales en su vida, las personas emocionalmente inteligentes se esfuerzan en prestar atención solo a lo que tienen capacidad de influencia -es decir, a cómo reaccionan a su experiencia-, y eligen gestionar sus emociones ejerciendo una visión positiva de la situación (porque saben que siempre existe un lado positivo de cualquier circunstancia). Esta actitud, combinado con altos niveles de confianza en ellos mismos, permite que las personas emocionalmente inteligentes aprecien nuevas experiencias y, en última instancia, se sientan cómodas ante el cambio y la adversidad. Además, siempre asumen responsabilidad de lo que podían controlar en cada contratiempo o fracaso que les ocurra, haciéndose responsables -de una manera sana y nunca perjudicial- de lo que les pasa en su vida.

 

Confianza en uno mismo, gestión emocional, y visión positiva son cruciales para la adaptabilidad y, en una última instancia, para ser resiliente.

Las personas emocionalmente inteligentes, al escuchar, respetar y aceptar sus propias emociones, adquieren el hábito de escuchar, respetar, y aceptar las emociones de los demás. La autoconciencia emocional, combinada con la capacidad de dirigir la atención hacia los demás, se traduce en facilidad para empatizar con los demás, así como para leer el ambiente en entornos públicos y comprender la dinámica de las relaciones de grupos.

 

La autoconciencia emocional, combinado con la capacidad para dirigir la atención de la mente, es crucial para ser conscientes de las emociones, necesidades o preocupaciones de otros (conciencia social).

Tener confianza en uno mismo significa tener más capacidad para empatizar con uno mismo, lo que facilita poder empatizar con los demás. Las personas que son inteligentes con sus emociones no tienen problemas para aceptar, respetar y valorar a los demás: son conscientes de que los demás tienen virtudes y puntos a mejorar al igual que ellos, y no intentan cambiar lo que saben que no pueden controlar. Aprecian la interconexión humana y, por lo tanto, están comprometidos a ayudar a otros a alcanzar sus metas y objetivos, apoyando su crecimiento personal e inspirando a otros a hacer lo mismo.

 

La confianza en uno mismo deriva en un genuino interés por los sentimientos y perspectivas de los demás (preocupación empática), y una predisposición a apoyar o guiar a los demás cuando lo necesiten.

La preocupación empática es la piedra angular para construir una relación duradera y de confianza con los demás. A su vez, la capacidad para crear confianza y conectar con los demás es un ingrediente esencial para poder trabajar en equipo, enseñar, inspirar, asesorar, liderar a otros y tener relaciones saludables con los demás en general. También saben que tener relaciones saludables significa que pueden dar y recibir opiniones sinceras y honestas al saber que -gracias a una buena gestión emocional, adaptabilidad y actitud positiva-, estas son siempre oportunidades para conocerse mejor. Esto, a su vez, hace que mejore su relación con ellos mismos y por lo tanto con los demás. Porque las personas emocionalmente inteligentes saben que la relación que tienen con los demás es un reflejo de la relación que tienen con ellos mismos.

 

La confianza en uno mismo deriva en una gran facilidad para crear y mantener relaciones saludables. A su vez, tener relaciones saludables contribuye a incrementar la confianza en uno mismo.

Por último, y no por ello menos importante, cuando ocurre un conflicto con alguien, en lugar de culpar a la otra persona de hacerles sentir de cierta manera, las personas emocionalmente inteligentes prestan atención a las señales de su cuerpo para tomar decisiones y resolver problemas, así como para reflexionar sobre posibles hábitos poco saludables que puedan tener con sus relaciones. Analizan su pasado -siempre sin juzgar- para comprender de dónde vienen emociones como la envidia, el enfado o la decepción hacia los demás; asumen la responsabilidad de lo que sienten mientras construyen estrategias para manejar sus emociones en lugar de dejar que las emociones controlen cómo se relacionan con los demás. Porque las personas emocionalmente inteligentes saben que es mucho más fácil cambiarse a ellas mismas que cambiar a todos los que les rodean.

 

Confianza en uno mismo, combinado con conciencia social y la capacidad de dirigir nuestra atención, conduce a un incremento de la habilidad para manejar los conflictos.

 

Por el contrario, algunas de las características de las personas con poca Inteligencia Emocional serían:

 

  • no dar importancia a las emociones;
  • no prestar atención a las emociones de los demás;
  • dejar que sus emociones controlen sus acciones y pensamientos;
  • estar incomodos con ellos mimos, y dejar que sus inseguridades dicten sus acciones y forma de ser;   
  • ser incapaz de inspirar, comunicar y trabajar con otras personas de manera efectiva;
  • ser incapaz de adaptarse a nuevas circunstancias y ambientes;
  • lamentarse por cosas que no están bajo su control o influencia;
  • no hacerse responsable de sus acciones y emociones;
  • ser incapaz de ganar perspectiva de situaciones y falta de sentido del humor.

 

En The Ripple Effect, como puedes ver, creemos que las personas emocionalmente inteligentes son conscientes en todo momento de lo que sienten y piensan tanto ellos mismos como los demás, son seguras de sí mismas, son resilientes, son socialmente conscientes y, en consecuencia, construyen relaciones saludables.

 

En este sentido, la Inteligencia Emocional no es simplemente la capacidad para entender emociones; es una nueva forma de interactuar con el mundo. Cuando la desarrollamos no solo adquirimos una serie de habilidades, sino que realizamos un cambio de identidad también.

 

Los comportamientos mencionados anteriormente forman el Modelo The Ripple Effect, el cual está inspirado en el modelo diseñado por Daniel Goleman y Richard Boyatzis, ofreciendo un examen más holístico de las consecuencias reales de lo que significa desarrollar y practicar la Inteligencia Emocional de forma constante.

Al desarrollar nuestra Inteligencia Emocional, generamos el efecto dominó más eficiente, sostenible y positivo para nosotros mismos y los demás, para nuestras comunidades y poe supuesto para las generaciones del futuro.

 

Y eso es lo que queremos ayudarte a lograr.

 

Como coaches especializados en Inteligencia Emocional, estamos cualificados para ayudarte a:

 

  • Desarrollar tu autoconocimiento emocional; te ayudaremos a reconocer qué estas pensando y sintiendo en todo momento y, en última instancia, poder escoger cómo respondes a todos tus estímulos.
  • Mejorar tu gestión emocional; te ayudaremos a bajar tus niveles de estrés y a manejar emociones incómodas, evitando ser dominado por ellas. 

 

Al mismo tiempo, te proporcionaremos los recursos necesarios para que veas cambios significativos en la mejora de tu Inteligencia Emocional. Tendrás la oportunidad de: 

 

  • Identifica tus “puntos ciegos” en base al Modelo The Ripple Effect y mejora todas y cada una de las características de las personas emocionalmente inteligentes.
  • Ayudar a otros a desarrollar su Inteligencia Emocional.

 

Más información aquí.

 

Contacta con nosotros si quieres beneficiarte de una sesión introductora con nosotros.

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